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En los tiempos que corremos han proliferado muchos “profesionales de las ciencias ocultas”. Los llamados videntes, magos, brujos, psíquicos, clarividentes, adivinos, sensitivos naturales y un largo etcétera de denominaciones que no cabrían en este folio, en fin, sin comentarios. Los que me conocéis seguro que pensaréis: ¿María José se ha vuelto loca o que le pasa? ¿Como precisamente ella añade esa coletilla de, en fin, sin comentarios? Muy sencillo, estoy harta de falsos profetas que solo van a aprovecharse de la buena fe de las personas que en un momento puntual de su existencia están llenas de dudas y sienten la necesidad de conocer hacia que lugar se dirigen sus vidas. No hay nada más frustrante que el propio sentimiento de fracaso personal en cualquier aspecto de nuestra vida, esto lo entendemos todos y en algún momento de nuestra vida lo hemos padecido y a quién no le haya ocurrido que se prepare para ello, le llegará. Pero bueno, me estoy desviando del tema que me lleva a escribir esto, retomemos el tema. ¿Quién otorga el “titulo” a este oficio tan antiguo como la vida misma? Me lo expliquen, por favor. En la literatura están muy bien las historias como las de Harry Potter. ¡Que los dioses nos bendigan y otorguen a todos con una gran escuela de magia como la que se relata en esa fantástica historia ¡ Vamos pura utopía.
Lo único que pretendo desde mi punto de vista y con todo mi respeto, es intentar aprender a diferenciar entre quienes realmente dignifican este oficio de los que lo envilecen. Una de las claves más importantes es ver delante de ti una persona normal, sin perifollos que nos distraiga ni estridencias visuales. Pueden ser tanto en apariencia, personas cultas y refinadas, como personas aparentemente sin cultura y sencillas, este tipo de aspecto externo se da muchas veces pero todo ello en el contexto de la normalidad.
El entorno en donde se desarrollen las consultas, debe tener un ambiente cálido, armonioso, amplio, tranquilo, luminoso, limpio, vamos, que no nos incomode en ningún momento, casi, casi, como si estuviéramos en nuestra propia casa. El tiempo es primordial, las consultas no deben realizarse mirando al reloj, el tiempo en las consultas hay que olvidarlo, cada consultante necesita de un tiempo diferente, por tanto desconfía de quién mira al reloj o está atendiendo al teléfono, eso es señal de que al consultante solo lo consideran mercancía que produce ganancias ¡Cuidado con esto¡ Nadie es verdura ni hortaliza expuestas en un mercado al mejor postor.
Otra cosa muy importante y a tener en cuenta y de la que personalmente me río mucho, cuando veo las tarjetas de algunas personas que se dedican al mundo de la adivinación y te dan para que las guardes y sobre todo ¡No la pierdas¡ en las cuales aparecen escritos unas profesiones que ni existen pero eso sí, muy rimbombantes e impactantes y en la mayoría de los casos con algún dibujito cursi y de muy mal gusto estético.
Esta es mi opinión y que cada uno decida. Luz y Amor.



